domingo, 25 de enero de 2026

En el Piso 7 si hay televisión.

Ya hace unos cinco o seis años —la verdad no recuerdo bien cuánto tiempo— nos encontrábamos sentados en las bancas de la sala de espera del Piso 7.

Estábamos mi hija, mi papá y yo.
Platicábamos de cosas sin importancia, trivialidades, solo para perder el tiempo y tratar de hacer más ligera la espera.

De pronto vimos salir por el pasillo que conduce al área de hospitalización —donde internan a los niños cuando presentan fiebre, infección o algún síntoma que pone en riesgo su integridad— a dos caras conocidas: Cesilio y su papá, cuyo nombre, para variar, no recuerdo.

Nos acercamos a saludarlos.
El papá comenzó a platicar con mi padre sobre su trabajo y su vida familiar, mientras mi hija se quedó hablando con Cesilio.

—¿Por qué estabas internado? —le preguntó ella.
—Me dio fiebre y no me podía bajar —respondió—. Tenían que ver si tenía alguna infección o si era reacción a la quimioterapia.
—Ay no, Cesilio —le dijo mi hija—, pues cuídate mucho para que estés a gusto en tu casita.
Cesilio, con toda la naturalidad del mundo, contestó:
—No… la verdad yo prefiero venir aquí y que me internen. Así puedo ver la tele y estar a gusto. Es que en mi casa no tenemos televisión.

El papá, al escuchar eso y mirando de reojo a su hijo, intentó cambiar el tema. Tomó a Cesilio del hombro y se despidieron para irse a casa.

Mi hija se quedó pensativa.
Más tarde le contó la situación a mi mamá, y ella le dijo que en cuanto volviera a ver a Cesilio, lo ayudaría para comprarle una televisión.
Con el paso del tiempo tuve que salir a trabajar lejos.

Poco a poco dejé de tener contacto con las personas del hospital. Dejé de ver esa carita regordeta, su cabello naranja, sus ojos azules, pecas por toda la cara y esa sonrisa tan única de Cesilio.

Lo último que supe de él fue hoy por la tarde, a la hora de la comida, después de varios años. Me dijeron que había terminado su tratamiento satisfactoriamente, según le habían comentado a mi hija.

También supe que la ayuda de mi madre para la televisión… nunca llegó.
De todo corazón deseo que Cesilio esté bien.
Que esté disfrutando lo que tenga, aunque todavía no haya televisión.

Pero, sobre todo, que se encuentre sano, junto a su papá y sus hermanos.

Los nombres y algunos detalles han sido modificados para proteger la identidad de las personas.
Cualquier semejanza con hechos o personas reales es solo una coincidencia.

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